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De derechos y realidades

Por segundo año consecutivo, la Ciudad de México ha sido designada como la ciudad más congestionada del mundo. Un conductor en la capital del país, pasa un promedio adicional de 66% más horas de tiempo por viaje tras el volante, indicador que es superior en siete puntos porcentuales al obtenido el año pasado (Índice de Tránsito 2017, Tom Tom).

Tales cifras, nada honrosas, nos ubican en una estadística poco envidiable, por encima de Bangkok, Tailandia (61%) y Yakarta, Indonesia (58%). Es bien sabido que la Megalópolis mexicana, se transforma en un inmenso estacionamiento al amanecer, bajo el ardiente sol del medio día y cada noche.

Desde las alturas del segundo piso del periférico, los escasos movimientos que como espasmos se perciben en el flujo de los autos de manera aleatoria, a ratos me parecen los de deglución de una enorme boa que digiere lentamente a su presa. Así quizá, estrangula y roba el aliento a la vida y al tiempo de los ciudadanos atrapados, sin remedio, en sus contenedores metálicos por sencillos u ostentosos que los mismos sean, durante horas.

Y es que tras el volante en una urbe así, se puede llegar al grado de poder aprender nociones ya no tan básicas de técnicas de meditación o de un segundo o tercer idioma; una historia que por cierto, cada vez es más frecuente oír. Hay quienes en un cruce, compran desde un jugo hasta una “polla” con jerez al gusto para en el siguiente, escoger de entre chilaquiles o un sin fin de variedad de tacos o tortas, para rematar con una gelatina y un café que tres cuadras más adelante, les vende una señorita a la que ya saludan por su nombre. Las horas pico se extienden poco a poco a todo horario, a todo día.

Asaltos en los semáforos, cristalazos, despojo de pertenencias, agresiones de índole sexual a hombres y mujeres por igual, robo de menores, secuestro y narcomenudeo. Zonas restringidas por el uso de parquímetros pero que controlan franeleros que a su vez, tienen vínculos con los policías de la zona que los consienten pues no sólo los toleran; todo ello, en perjuicio de la ciudadanía.

El moderno concepto de “movilidad” pareciera irónico en un escenario así, se antoja hasta burlón.

Mientras tanto, la flamante Constitución de la Ciudad de México, describe una serie de derechos para la ciudadanía de una capital del país que no volverá. Para una urbe que no podrá existir más. Una en que los niños corrían a lo largo de las márgenes del Río de Churubusco (todavía no entubado) e ir a Tlalpan, Coyoacán o Xochimilco era un día de campo o excursión.

La Ciudad de la que habla la Constitución de la Ciudad de México, es aquella en que circulaban tranvías y organilleros por las calles, una que pudimos haber construido pero que por intereses políticos y económicos, se vio invadida por paracaidistas en los Culhuacanes, en Ajusco e Iztapalapa; en la que se permitieron combis como peseros y luego microbuses; en la que los taxis piratas conviven con los tolerados y con los normales que tratan de mantenerse al corriente con la cromática, la revista y los pagos de cualquier contribución o derecho que se invente la administración local que de todo lleva tajada.

La obsesiva y excesiva regulación, las ideas de volver a la bicicleta para ir a trabajar (suponiendo que fuese viable y seguro), la nula cultura vial reforzada por una policía corrupta que cierra los ojos ante aquello que les deja dinero y los eternos moches que en unas zonas más que en otras, son obligaciones no escritas cuyo incumplimiento priva a unos y otros de oportunidades de convivir en el espacio urbano en condiciones de igualdad; son todos, elementos de ese espacio cultural y plural que de modo romántico y grandilocuente, nos narra la Constitución que nos hemos dado con todo y su preámbulo que nos habla heroicamente de Tenoch.

Constitución que al hablar de sustentabilidad se la presenta como algo en lo que toda persona tiene derecho a participar y que se plantea, como un desarrollo económico, social, cultural y político en el que “puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales.”

Constitución que hoy y así, revela su carácter de apuesta política, de juego con los dados cargados como desde su inicio lo fue. Un documento con palabras cuyas expresas aspiraciones se plantean absurdamente como un dibujo del pasado y así, en nostalgia o añoranza pero no en viabilidad.

Mtro. Marcos Joel Perea Arellano

Abogado por el ITAM (Summa Cum Laude; 2001). Egresado del Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

Diplomado en Parlamentos, Democracia e Integración, por la Organización de Estados Americanos (OEA), el ITAM, State University of New York y el Parlamento Centroamericano.

Mtro. en Ciencia Política por The University of Birmingham, Inglaterra (Becario de excelencia del Gobierno Británico bajo el esquema British Council Chevening Scholarships del 2002 al 2003 énfasis en políticas públicas sociales, diseño institucional, análisis político, teoría democrática, teorías de justicia e historia de las ideas).

Colaboró en la Secretaría de la Función Pública federal como Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2007-2008); Director de Responsabilidades Zona Norte en la Secretaría de Educación Pública (2008-2009); Titular del Área de Quejas en la Secretaría de Educación Pública (2009-2010) y Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en el Instituto Mexicano del Petróleo (2010-2012).

Actividades Académicas. Ha impartido cátedra de Teoría Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el ITAM de derecho empresarial a nivel licenciatura. A nivel Posgrado, ha impartido el módulo de Procedimiento de Responsabilidades Administrativas en el Diplomado respectivo, tema respecto del cual, realiza investigación independiente y ha sido ponente en diversos foros federales y locales a invitación de instituciones públicas y privadas. Desde enero de 2015 es catedrático en la Universidad Anáhuac (Campus México Sur) de la asignatura de Evolución de los Sistemas Jurídicos.

Actualmente, es asesor jurídico-político del Consejero Electoral Lezama Barreda en el Instituto Electoral del D.F.; abogado litigante y consultor en derecho administrativo disciplinario, estrategias digitales de candidatos y vinculación ciudadana.

Síguelo en Twitter:@MJPereaA