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Entre el drama y la política​​

Poco distingue al teatro de la política. Y es que como Goffman pensaba, desde la esfera personal y en relación con nuestros diversos foros de acción humana, pero sobre todo en la política; no somos más que actores.

Personajes que buscamos agradar a nuestra audiencia. Que nos vea y nos oiga decirle lo que quiere ver y oír para deleitarle con nuestro desempeño, nuestro performance, nuestro papel que cambia mientras nos movemos a través del espacio de nuestra particular actividad como animales humanos en el escenario del teatro de la vida, que está amueblado por sistemas que se superponen y nos imponen conductas, posiciones.

Tras el escenario sin embargo, en los camerinos de la vida, el lenguaje interno y externo cambia. Se usa para desdeñar, criticar y burlarse del espectador que ha quedado atrás, relegado al dejar por un instante de ser la audiencia ante la que se actúa.

Así, los roles se satisfacen meticulosamente a través de representaciones de lo que se pretende ser y la sociedad demanda que uno sea, se juega con la percepción del público y mucho más en el espacio de lo político como arena en que se da cauce al conflicto y se reparten las cartas del poker del poder. A ese público se le miente y se le traiciona en todo deliberadamente porque las reglas y prioridades de lo político, así lo demandan. Porque en ese foro se debe aprender a sonreír mientras se engaña y disfrutarlo. Se juega con las verdades a medias.

Mientras el PAN y Movimiento Ciudadano se han pronunciado favorablemente a favor de integrar una coalición electoral con miras a integrar y participar como el Frente Ciudadano por México, el día de ayer el PRD y sus divisiones internas pusieron en suspenso las cosas por un rato, porque buscaban que se definieran de una buena vez, los mecanismos y procedimientos que hayan de resultar en la designación del abanderado por tal asociación política pluripartidista. Quedaba así en suspenso, la aprobación del convenio, el plan de gobierno y la plataforma electoral. Al final y como era de esperarse, la propuesta fue aprobada.

Quiero sin embargo, detenerme en el “plan de gobierno”. Ese elemento que se ha tratado de cacarear anticipadamente por el Frente, como si fuese una gran novedad. Lo cierto, es que se trata de una función más en el teatro.

Se ha tratado de vender la narrativa de que la novedad radica en que lo que surgirá de los esfuerzos políticos de estos arrepentidos institutos políticos y el apoyo ciudadano que conjuntamente reciban, será un gobierno de coalición. Ahí el engaño. Vil y descarado.

Se engaña a la sociedad introduciendo un elemento por el cual, se simula atender las voces de todos en un esfuerzo dialógico que en realidad, no existe.

¿Un plan de gobierno? ¿No es acaso la plataforma electoral, el documento por el que se declaran ya los valores, principios, ideología, propuestas y planes de acción política y de gobierno? ¿Duplicidad de documentos? ¿O serán acaso dobles intenciones?

Por desgracia, es altamente probable que se trate de lo segundo.

Y es que no es lo mismo una coalición electoral como la que parece estarse conformando a pesar de las ahora irrelevantes diferencias ideológicas y liderazgos desperdigados y escépticos, que un gobierno de coalición.

La coalición electoral tiene fines meramente electorales, de corto plazo y acceso al poder. Las plataformas propuestas por las coaliciones durante los procesos electorales, también contienen y han contenido buenas intenciones de conducir un gobierno diverso al anterior en caso de ser favorecida la coalición correspondiente por el voto ciudadano y es claro, que igualmente incorporan en lo formal, una mezcla de los principios y valores políticos de las partes involucradas en la conformación de tal tipo de asociación política. A pesar de ello, al final; el partido con la mano más alta y pone al candidato para “la Grande”, es el que en el ejercicio del gobierno, no sólo relega la plataforma y la agenda acordadas, sino que define el interés público.

Un gobierno de coalición por su parte, es un bicho muy diferente. En primera instancia, es una facultad optativa cuyo ejercicio en exclusiva, compete al Presidente de la República conforme a la fracción XVII del artículo 89 de la Constitución. Así es, sólo el Presidente puede en cualquier momento, optar por un gobierno de coalición con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión. Dicho gobierno de coalición se regula por el convenio y el programa respectivos, los cuales deben aprobarse por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores. El convenio referido es además, susceptible de disolverse.

Los rasgos del propio gobierno de coalición hacen imposible un “plan de gobierno” como el que se plantea, con miras hasta 2024. Mucho menos, es dable obligar en un convenio a una parte, literalmente no nacida siquiera en este punto; el órgano constitucional denominado Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Dicho de otro modo, los institutos políticos contratantes en el presente, digan lo que digan, no pueden válidamente vincular al candidato que resultare electo Presidente en caso de que ganare el Frente, a ejercer la opción de conformar un gobierno de coalición.

A pesar de todo, la función se representa para los títeres del sistema. El público no puede quedarse sin el circo. Mucho menos, cuando parece que el pan puede escasear.

Mtro. Marcos Joel Perea Arellano

Abogado por el ITAM (Summa Cum Laude; 2001). Egresado del Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

Diplomado en Parlamentos, Democracia e Integración, por la Organización de Estados Americanos (OEA), el ITAM, State University of New York y el Parlamento Centroamericano.

Mtro. en Ciencia Política por The University of Birmingham, Inglaterra (Becario de excelencia del Gobierno Británico bajo el esquema British Council Chevening Scholarships del 2002 al 2003 énfasis en políticas públicas sociales, diseño institucional, análisis político, teoría democrática, teorías de justicia e historia de las ideas).

Colaboró en la Secretaría de la Función Pública federal como Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2007-2008); Director de Responsabilidades Zona Norte en la Secretaría de Educación Pública (2008-2009); Titular del Área de Quejas en la Secretaría de Educación Pública (2009-2010) y Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en el Instituto Mexicano del Petróleo (2010-2012).

Actividades Académicas. Ha impartido cátedra de Teoría Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el ITAM de derecho empresarial a nivel licenciatura. A nivel Posgrado, ha impartido el módulo de Procedimiento de Responsabilidades Administrativas en el Diplomado respectivo, tema respecto del cual, realiza investigación independiente y ha sido ponente en diversos foros federales y locales a invitación de instituciones públicas y privadas. Desde enero de 2015 es catedrático en la Universidad Anáhuac (Campus México Sur) de la asignatura de Evolución de los Sistemas Jurídicos.

Actualmente, es asesor jurídico-político del Consejero Electoral Lezama Barreda en el Instituto Electoral del D.F.; abogado litigante y consultor en derecho administrativo disciplinario, estrategias digitales de candidatos y vinculación ciudadana.

Síguelo en Twitter:@MJPereaA