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Entre escenarios posibles y viables

Con la semana mayor y las vacaciones de los niños, la Ciudad ha podido tener un respiro.

En este caso, lo digo de un modo literal pues esta es quizá la única época del año en que las calles de la enorme Ciudad de México se pueden disfrutar plenamente pues son no sólo transitables sino además, lo son en un tiempo razonable ya sea a pie o en auto. La Capital del país se muestra en estas fechas con toda su grandeza al turista local o foráneo. Grandeza que le valió recientemente su inclusión en la lista de ciudades que hay que ver. Además, hemos corrido con la buena fortuna de que los fuertes vientos recientes, a pesar de un frío inicio de la primavera, han logrado limpiar en gran medida el aire que se respira en la Ciudad, al menos por variar.

Sin embargo, las también muy recientes contingencias ambientales y las consecuentes determinaciones de las autoridades capitalinas de ampliar de modo extraordinario la aplicación del famoso “Hoy No Circula” con independencia de hologramas y modelos de automóviles; nuevamente me han hecho pensar en el camino que nos ha llevado hasta aquí y sobre todo, en la sustentabilidad de la Ciudad y la impostergable necesidad de buscar objetivamente y sin tratar de sacar raja política o económica; escenarios viables y de viabilidad para esta Ciudad. Escenarios de viabilidad sin los cuales, hay que decirlo claro, nuestros escenarios posibles no son muy halagüeños.

Quizá, algunos amables lectores recordarán que hace ya varios años, empezaron a caer las aves del cielo por la contaminación. Más de dos veces, me tocó recoger gorriones o palomas pequeñas al barrer el frente de la casa de mis padres en aquella época imprecisa en mi mente (por algún motivo me siento aún como de veinticinco aunque los achaques me devuelven a la realidad). Recuerdo que la gente en su momento, se alarmó y se anunciaron medidas extremas. En la escuela, una maestra nos compartió información que reflejaba que desde fines de los 80’s, nuestros índices de contaminación en la Ciudad eran datos aberrantes comparados con los máximos permisibles en otras latitudes.

Al surgir y aplicarse el “Hoy No Circula”, todos sabemos que el efecto negativo pero práctico de dicho Programa fue, en los casos en que se podía y la cartera daba para ello, la compra de un segundo, tercer o cuarto coche para el uso personal, familiar o mercantil, según ello resultara aplicable y con independencia de que se tratara de autos nuevos o de segunda o ulterior mano. No quiero siquiera empezar a mencionar los diversos nichos de corrupción que se generaron, que todos conocemos y sabemos que existen como por ejemplo, en torno a los verificentros desde su concesión hasta su operación. No acabaría.

Y me queda claro que comprar otro auto no fue la mejor opción pero desde entonces, no quedaban muchas a los ciudadanos en una urbe en la que cuando las autoridades abordan el tema del transporte público, no piensan en un servicio público sino como lo hemos visto, en negocios de rutas, concesiones, distribuciones y ejercicios de cotos de poder e influencia capitalizable electoralmente o simplemente, en llenarse los bolsillos de dinero. La Línea 12 del Metro con un responsable directo viviendo en porfiriano y autoimpuesto exilio, quizá es la más reciente muestra de lo mucho y muy podrido que hay tras el tema del transporte pero no por ello, los ciudadanos ignoramos o dejamos de percibir el hedor a corrupción que existe por ejemplo y desde siempre, tras las “peseras" que hoy llamamos “microbuses” aunque siguen creciendo en tamaño.

Así es, me refiero a la Ciudad en la que el tema del transporte público no se enfoca desde una óptica de largo plazo con la necesaria visión de reordenamiento del espacio público y de que tan vital servicio en una ciudad como la nuestra, es imperativo que se preste bajo exigentes condiciones de seguridad y eficiencia. No, aquí dicho tema es y siempre ha sido, la oportunidad por la que los delegados o servidores públicos en turno, reciben “moches” a través de cadenas de corrupción que se entretejen horizontal y verticalmente entre las instituciones y sus miembros.

La cereza sobre el remedo de pastel que se ha venido preparando con sucesivas negligencias en uno y otro rubro del deber gubernativo en la Capital del País, es sin duda una crisis económica que si bien causada en mucho por factores externos, impacta y se resiente al interior en los bolsillos pero que sobre todo, no compagina con gobiernos de excesos, dispendios, gastos innecesarios y/o corrupción o que al menos así se perciben por una ciudadanía cada vez más harta de padecer los efectos de malas decisiones que siguen a malas decisiones o pretenden enmendar otras peores (vgr. cambio de cromática en taxis, tarjeta de circulación con chip o un Reglamento de Tránsito que deja de lado que no es necesario estudiar gran cosa para saber que los motores a un menor regimen como el exigido por el nuevo Reglamento de tránsito con sus nuevos límites de velocidad, no son eficientes y por ende, contaminan mucho más. Aunque tampoco, es necesario estudiar siquiera finanzas públicas por correspondencia, para comprender que se ha privilegiado una lógica de recaudación a toda costa y aún por encima de la más elemental).

Ahora, sumemos a lo anterior otros problemas como el caótico crecimiento de la mancha urbana, el desordenado otorgamiento de licencias de construcción en lugares como Cuajimalpa en la que edificios enteros peligran y amenazan con desplomarse o en la Benito Juárez en la que la construcción de departamentos no para a pesar del grave problema de agua existente en la demarcación. Ah, pero si de agua se trata, sabemos que pocas zonas de nuestra ciudad padecen tanto como Iztapalapa aunque el racionamiento del vital líquido se ha ido extendiendo a otras demarcaciones hasta alcanzar niveles en los que la norma es no tener acceso al agua y el acceso es la excepción. La lista de problemas parece interminable.

La viabilidad de la Ciudad de México está en cuestión. Los retos para lograrla, exigen decisiones que quizá cuesten en lo político pero postergarlas como se ha hecho siempre o negociarlas para sacar ventaja, resultará más costoso para todos.

Las presiones sociales que se generan con lo poco que he descrito, me parece que quedan claras a todo capitalino pues además, se suman a la inseguridad que se ha dado en querer tapar con un dedo o soslayar como “inexistente” por motivos politicos. El 2018 está para algunos, muy cerca.

Me disculpo con el lector pues no quiero que esto suene a catarsis provocada por las fechas porque tenga cierto que no lo es. Quizá, sea simplemente y lo confieso, un desordenado escrito que de origen y por la realidad que intenta cuestionar y esbozar, no podría estar ordenado. Porque cada vez es más difícil darle orden o coherencia al día a día en esta Ciudad, nuestra realidad resiste todo análisis.

Y es que así, al final de mis pensamientos, no pude evitar llegar a la conclusión de que quizá valga la pena imaginar lo que responderían en el contexto actual, algunos ciudadanos si les preguntaran por la importancia relativa que para ellos tiene, con independencia de la corriente política en turno, el acceso al agua, a un entorno ecológicamente sustentable, un transporte público seguro y limpio, la seguridad pública, una eficaz protección civil, la cultura y el arte en los espacios públicos entre otras cosas; de frente a contar con una Constitución para la Ciudad de México con todo lo que ello implica. Quizá, estamos por constituir una Ciudad que en las condiciones actuales es inviable y ya no lo vemos.

De igual modo, no pude evitar imaginar un escenario posible en el universo de escenarios. Uno en el que las autoridades, los representantes, las instituciones y los poderes de esta Capital, son legitimadas por un mínimo de votos emitidos por un electorado harto y decreciente ante la inviabilidad de la Ciudad. En este escenario, los votos son procesados por normas tendentes de por sí a dejar al ciudadano fuera del diálogo y los primeramente mencionados, en pomposos salones equipados con filtros de aire, agua, ruido y demás elementos hostiles o simplemente externos, discuten y toman decisiones en una conversación excluyente y carente de consideraciones sobre los destinatarios de lo que hacen y para quienes el piso, siempre habrá de mantenerse disparejo.

Toca al amable lector decidir si el descrito, es un escenario posible o muy actual.

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Y lo que falta, buen artículo

Y lo que falta, buen artículo maestro.

 

Mtro. Marcos Joel Perea Arellano

Abogado por el ITAM (Summa Cum Laude; 2001). Egresado del Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

Diplomado en Parlamentos, Democracia e Integración, por la Organización de Estados Americanos (OEA), el ITAM, State University of New York y el Parlamento Centroamericano.

Mtro. en Ciencia Política por The University of Birmingham, Inglaterra (Becario de excelencia del Gobierno Británico bajo el esquema British Council Chevening Scholarships del 2002 al 2003 énfasis en políticas públicas sociales, diseño institucional, análisis político, teoría democrática, teorías de justicia e historia de las ideas).

Colaboró en la Secretaría de la Función Pública federal como Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2007-2008); Director de Responsabilidades Zona Norte en la Secretaría de Educación Pública (2008-2009); Titular del Área de Quejas en la Secretaría de Educación Pública (2009-2010) y Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en el Instituto Mexicano del Petróleo (2010-2012).

Actividades Académicas. Ha impartido cátedra de Teoría Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el ITAM de derecho empresarial a nivel licenciatura. A nivel Posgrado, ha impartido el módulo de Procedimiento de Responsabilidades Administrativas en el Diplomado respectivo, tema respecto del cual, realiza investigación independiente y ha sido ponente en diversos foros federales y locales a invitación de instituciones públicas y privadas. Desde enero de 2015 es catedrático en la Universidad Anáhuac (Campus México Sur) de la asignatura de Evolución de los Sistemas Jurídicos.

Actualmente, es asesor jurídico-político del Consejero Electoral Lezama Barreda en el Instituto Electoral del D.F.; abogado litigante y consultor en derecho administrativo disciplinario, estrategias digitales de candidatos y vinculación ciudadana.

Síguelo en Twitter:@MJPereaA