Inicio

Entre servir y servirse

El término “funcionario público” se ha intentado borrar del vocabulario institucional mexicano desde tiempos de Miguel de la Madrid y la reforma moral y administrativa.

Las leyes, salvo muy contadas excepciones, ya no contienen esa combinación de palabras. En su lugar, se ha buscado instalar al “servidor público”. Esto, con la idea de que la óptica no fuese desde la ciudadanía hacia la inaccesibilidad de quien detenta un cargo. El énfasis así, se ponía en la ciudadanía. En un rol institucional manifiesto de los diversos engranes del sistema político y del sistema económico. La idea, se decía, era servir al público. Devolver la centralidad al ciudadano.

Así, se empezó a trabajar en sucesivas reformas administrativas, la Secretaría de la Contraloría cambió su nombre a través de los sexenios hasta convertirse en la Secretaría de la Función Pública. El enfoque de la labor administrativa, comprende ahora prevención, mejora de la gestión, sistemas de información y claro, investigación y sanción, entre otras. ¿Pero el ciudadano ha estado verdaderamente al centro? ¿Se ha logrado crear una visión y una vocación de servicio? ¿Ha sido útil el cambio de lenguaje? Lo pregunto, porque a veces creo que no; y menos en lo político.

El punto es reflexionar un poco en torno a las posibilidades de construir realidades diversas. Formas de convivir que deriven en un bien común donde “común”, no signifique “para los míos” porque con estos últimos, es claro que todos tenemos un mayor grado de comunidad partidaria, familiar, regional, etc..

La profesionalización del servicio público es un aspecto que por ejemplo, ha fallado al seguir sujeto en gran medida y sobre todo en los segmentos más altos del sector, a la voluntad de los grupos políticos que acceden, alternan o permanecen en el poder. Así, la incidencia cultural favorable que se pudiere crear a gran escala a través de ir ajustando (no sólo en lo formal) al entramado de leyes y reglamentos para incorporar la idea de “servicio”, se ve revertida por prácticas que todos conocen y por el temor a perder el empleo (por parte de los individuos de segmentos más bajos de la estructura) o los privilegios alcanzados (en el caso de los beneficiarios directos), si es que se habla. Esto es, una complicidad que se construye y se teje con expectativas reforzadas por las discrecionalidades permitidas (casi promovidas), los temores y una ineficacia por parte de los órganos de procuración y administración de justicia.

Pero más arriba, el paisaje es aún más desolador pues el sistema político se encuentra poblado por individuos de ambos géneros, que responden a una lógica propia conforme a la que actúan. Hablan en códigos ocultos y desdeñan el servir para privilegiar el momento de servirse del banquete o botín de lo público.

Las últimas semanas, en el marco de las elecciones 2017, son un claro ejemplo. Negocian, acuerdan, presionan, dibujan y desdibujan escenarios. Abundan videos, notas, grabaciones, audios, escándalos que hasta por su cuantía, han tenido el perverso efecto de trivializar lo grave de la situación.

Todo el espectro de colores partidista se encuentra manchado y quizá hasta confundido en posiciones ubicadas más o menos hacia el centro. Las ideologías se olvidan con fajos de dinero sobre la mesa (o en bolsitas) y en conversaciones en clave, porque saben que hay golondrinas en el alambre pero también, que el ave que madruga es quien se traga al gusano.

Los embates, las cargadas, las presencias de “figuras partidistas” (por desgastadas que estén) en las diversas entidades en las que habrá contienda en junio, el uso de recursos ilícitos, la comisión de delitos electorales, la violencia política en cualquiera de sus formas, las descalificaciones, las despensas, la diatriba, la traición y la trampa…

Se acaloran en la discusión de cómo deslindarse para no mancharse, pero nunca se detienen siquiera en la de fondo. La obvian al encontrarse por encima su interés por ganar, aunque ello ocurra mientras todos perdemos.

Así, el cambio de lenguaje no ha servido. Y no lo ha hecho porque las prácticas desviadas siguen solapadas y porque los ciudadanos estamos excluidos de tal conversación. Porque las trabas a la participación efectiva y a la incidencia, se encuentran diseñadas precisamente para limitar al ciudadano mientras se aparenta lo contrario. Porque las ventanillas de atención que se abren, se abren para no atender y sólo para aminorar o administrar la presión social.

Finalmente, me parece que se seguirán sirviendo de nuestros platos mientras no entendamos que la organización ciudadana puede materializar cambios a través de una exigencia que señale y exponga, una exigencia que reclame justicia social, justicia distributiva y justicia sustancial para cada mexicanx y lo haga ya.

Mtro. Marcos Joel Perea Arellano

Abogado por el ITAM (Summa Cum Laude; 2001). Egresado del Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

Diplomado en Parlamentos, Democracia e Integración, por la Organización de Estados Americanos (OEA), el ITAM, State University of New York y el Parlamento Centroamericano.

Mtro. en Ciencia Política por The University of Birmingham, Inglaterra (Becario de excelencia del Gobierno Británico bajo el esquema British Council Chevening Scholarships del 2002 al 2003 énfasis en políticas públicas sociales, diseño institucional, análisis político, teoría democrática, teorías de justicia e historia de las ideas).

Colaboró en la Secretaría de la Función Pública federal como Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2007-2008); Director de Responsabilidades Zona Norte en la Secretaría de Educación Pública (2008-2009); Titular del Área de Quejas en la Secretaría de Educación Pública (2009-2010) y Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en el Instituto Mexicano del Petróleo (2010-2012).

Actividades Académicas. Ha impartido cátedra de Teoría Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el ITAM de derecho empresarial a nivel licenciatura. A nivel Posgrado, ha impartido el módulo de Procedimiento de Responsabilidades Administrativas en el Diplomado respectivo, tema respecto del cual, realiza investigación independiente y ha sido ponente en diversos foros federales y locales a invitación de instituciones públicas y privadas. Desde enero de 2015 es catedrático en la Universidad Anáhuac (Campus México Sur) de la asignatura de Evolución de los Sistemas Jurídicos.

Actualmente, es asesor jurídico-político del Consejero Electoral Lezama Barreda en el Instituto Electoral del D.F.; abogado litigante y consultor en derecho administrativo disciplinario, estrategias digitales de candidatos y vinculación ciudadana.

Síguelo en Twitter:@MJPereaA