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De marchas y cambios

El derecho a manifestarse pacíficamente es algo incuestionable en la actualidad, al menos en países medianamente democráticos.

La posibilidad de salir y manifestar ideas y desacuerdos de manera individual o colectiva de cara a las instituciones y autoridades, dentro de los límites de la Constitución, es sin duda un logro de la cultura de los Derechos Humanos y una conquista en ese sentido, en favor de toda persona, logro que se relaciona de modo directo con el derecho humano a la libre expresión de las ideas y el ejercicio libre del pensamiento.

En lo abstracto, en este momento civilizacional al menos en Occidente, lo anterior no sólo es una aspiración, un principio, un ideal y un concepto que se dice, es sustento mismo del Estado de Derecho. ¿Pero en lo práctico?

Y es que salen a la calle diez, cien, mil, cientos de miles o millones de personas en todo el mundo a manifestarse diariamente an favor o en contra de diversos temas que les mueven. Pero el Estado, como siempre, suele aprender pronto a acomodar el descontento, aislarlo, estigmatizarlo y en consecuencia, desdeñarlo. Si bien no se persigue a nadie por decir lo que sea dentro de los límites de lo legal, el efecto de ese ejercicio de pensamiento y libertad, en lo que nos importa, suele ser muy limitado.

No ignoro la primavera árabe o movimientos como ése y que han propulsado cambios sustanciales en ciertos lugares del mundo pero que sin embargo, son profundamente diversos a nuestro modelo institucional o lo eran. Mi punto es, que hay ciertos Estados que han crecido una concha muy dura, que ven las ideas de cambio o descontento pasar y simplemente las administran.

Hay otros casos en que las cosas se magnifican y sacan de contexto por el lado de las redes sociales, los dimes y los diretes.

La política y el cambio en esa arena, no se hace en las calles, se hace en las urnas. Se hace a través de la participación política seria que imprima cambio, organice y estructure ideas, las lleve ante los actores políticos relevantes y sea capaz de convertirse en acción pública y/o en norma.

Poder quejarse, decir, gritar, desgañitarse y hasta rayar en el insulto sin ser perseguido (generalmente, claro), es un punto a favor que tenemos en comparación frente a muchos países en los que por ello se pierde incluso, la vida.

¿Pero de ahí vienen los cambios? No lo sé. A veces, tan sólo me parece que los cambios no pueden surgir sin compromiso con el principio, con la idea, con la congruencia, pero sobre todo y principalmente, con uno mismo y con los que vienen detrás de nosotros. Los cambios vienen de la reflexión en esos sentidos y del análisis de los caminos verdaderamente viables para materializar esos principios y esas ideas para llevarlos a la acción.

La crítica, claro que es sana pero más sano es el análisis. El grito no ha cambiado mucho, ha sido la acción estratégica, ordenada y concertada la que ha sido motor de cambio social.

Vendrán las intermedias y elecciones en diversos estados. Es ahí donde la expresión debe ser contundente si es que ha de ser.

Pedir que el Presidente renuncie en una serie de manifestaciones con pancartas y mantas (algunas con textos insultantes), que convocaron a quizá un par de decenas de miles al menos en la capital del país, no cambia la decisión tomada en las urnas. No cambia que hay una mayoría que votó por él. No cambia nada.

El momento y la vía, son otros.

Mtro. Marcos Joel Perea Arellano

Abogado por el ITAM (Summa Cum Laude; 2001). Egresado del Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

Diplomado en Parlamentos, Democracia e Integración, por la Organización de Estados Americanos (OEA), el ITAM, State University of New York y el Parlamento Centroamericano.

Mtro. en Ciencia Política por The University of Birmingham, Inglaterra (Becario de excelencia del Gobierno Británico bajo el esquema British Council Chevening Scholarships del 2002 al 2003 énfasis en políticas públicas sociales, diseño institucional, análisis político, teoría democrática, teorías de justicia e historia de las ideas).

Colaboró en la Secretaría de la Función Pública federal como Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2007-2008); Director de Responsabilidades Zona Norte en la Secretaría de Educación Pública (2008-2009); Titular del Área de Quejas en la Secretaría de Educación Pública (2009-2010) y Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en el Instituto Mexicano del Petróleo (2010-2012).

Actividades Académicas. Ha impartido cátedra de Teoría Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el ITAM de derecho empresarial a nivel licenciatura. A nivel Posgrado, ha impartido el módulo de Procedimiento de Responsabilidades Administrativas en el Diplomado respectivo, tema respecto del cual, realiza investigación independiente y ha sido ponente en diversos foros federales y locales a invitación de instituciones públicas y privadas. Desde enero de 2015 es catedrático en la Universidad Anáhuac (Campus México Sur) de la asignatura de Evolución de los Sistemas Jurídicos.

Actualmente, es asesor jurídico-político del Consejero Electoral Lezama Barreda en el Instituto Electoral del D.F.; abogado litigante y consultor en derecho administrativo disciplinario, estrategias digitales de candidatos y vinculación ciudadana.

Síguelo en Twitter:@MJPereaA