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Política, violencia y temor

Al día de hoy van ciento doce políticos asesinados en nuestro país durante el presente proceso electoral.

Los dimes, los diretes, la calumnia, la diatriba, son lo de menos en estos días. Ser muerto por ser precandidato, candidato, alcalde, regidor, diputado, militante, dirigente, en el activo o no, es una posibilidad muy real en este país. Más aún, si consideramos que ha habido ataques y violencia política en prácticamente la totalidad de las entidades federativas, encabezando la nada honrosa lista, los estados de Guerrero y Oaxaca.

A la política subyace la oposición y el conflicto por la búsqueda del poder. Desde los ochentas sin embargo, no recuerdo haber vivido proceso electoral más sangriento que el actual. Las cifras mencionadas, no contemplan, claro está, las amenazas y la gran cantidad de atentados en los que por fortuna, las intenciones de los perpetradores no se cumplieron. Planillas enteras en algunos casos, han renunciado a sus candidaturas y dejado vacíos en sus organizaciones postulantes y de cara a la jornada electoral cada vez más cercana.

Las voces de todos los partidos se han alzado, acusaciones y sobre todo, exigencias enfáticas y enérgicas a las autoridades para esclarecer de manera pronta y eficaz tan atroces ataques, no se han dejado de escuchar.

Varias preguntas surgen sin embargo. Primeramente, la que tiene que ver con la naturaleza y alcances de las relaciones y vínculos de los hoy occisos y que les costaron la vida. Ello, en la inteligencia de que en los ochentas, al menos se tenía la certeza de que era el Estado el que de manera subrepticia, trataba de minar las fortalezas de una oposición cada vez más organizada y eficaz. Hoy, son cacicazgos, grupos delincuenciales o partidarios opuestos, los cárteles de las drogas, las oposiciones regionales, locales o municipales, agentes de violencia que se suman a las instituciones del Estado usadas por sus poseedores en turno, y cometen este tipo de actos.

En segundo lugar, en una óptica diversa, vale la pena preguntarse por el sentido de una democracia electoral como la que tenemos en lo formal, cuando en lo sustancial y fáctico, ocurre lo que ocurre. Vale la pena la pregunta para uno como ciudadano pero también, para lanzarla a los diseñadores del sistema mismo, los propios partidos políticos que hoy se duelen de la violencia sufrida entre sus correligionarios.

De igual modo, valdría la pena preguntarnos por qué no habíamos visto y no vemos tal nivel de preocupación e indignación por parte de partidos y políticos cuando son ciudadanos de a pie los que sufren la violencia a diario. No se mal entienda lo que digo, me es claro que la pérdida de cualquier vida es una tragedia. Sólo me llama la atención la indolencia de la clase política en este país, porque pueden desaparecer a cuarenta y tres e incluso a miles más sin que jamás se vuelva a saber algo de ellos y ellas, pueden ser secuestradas y morir personas inocentes y se les llamará daño colateral en las noticias y en la estadística si es que se hace.

Las investigaciones cuando se trata de no-políticos como Usted y como yo, en la mayoría de los casos no son exhaustivas y por supuesto, nunca se sigue la máxima de “no parar hasta dar con los responsables”, como ahora lo exigen partidos y políticos. Muchos de ellos, han solicitado se les proporcione una escolta personal con cargo al erario público, claro está.

Esto, mientras Usted y yo al igual que nuestros hijos, padres, hermanos, esposas y conocidos, no podemos pedirle una escolta a nadie y tenemos que sobrevivir en una sociedad en la que las divisiones entre criminales y policías ya no se perciben como tales por la población.

Espero que nuestros gobernantes, políticos y partidos, ahora finalmente entiendan con nosotros, lo que hemos creado y permitido, todos. Que el sistema que han moldeado con cuidado y a su conveniencia por tanto tiempo, en realidad se está volviendo contra ellos.

Quizá, lo entiendan hoy que en carne propia y con temor, se han dado cuenta y viven el hecho de que nada, les garantiza vivir fuera de rango de tiro.

Mtro. Marcos Joel Perea Arellano

Abogado por el ITAM (Summa Cum Laude; 2001). Egresado del Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

Diplomado en Parlamentos, Democracia e Integración, por la Organización de Estados Americanos (OEA), el ITAM, State University of New York y el Parlamento Centroamericano.

Mtro. en Ciencia Política por The University of Birmingham, Inglaterra (Becario de excelencia del Gobierno Británico bajo el esquema British Council Chevening Scholarships del 2002 al 2003 énfasis en políticas públicas sociales, diseño institucional, análisis político, teoría democrática, teorías de justicia e historia de las ideas).

Colaboró en la Secretaría de la Función Pública federal como Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2007-2008); Director de Responsabilidades Zona Norte en la Secretaría de Educación Pública (2008-2009); Titular del Área de Quejas en la Secretaría de Educación Pública (2009-2010) y Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en el Instituto Mexicano del Petróleo (2010-2012).

Actividades Académicas. Ha impartido cátedra de Teoría Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el ITAM de derecho empresarial a nivel licenciatura. A nivel Posgrado, ha impartido el módulo de Procedimiento de Responsabilidades Administrativas en el Diplomado respectivo, tema respecto del cual, realiza investigación independiente y ha sido ponente en diversos foros federales y locales a invitación de instituciones públicas y privadas. Desde enero de 2015 es catedrático en la Universidad Anáhuac (Campus México Sur) de la asignatura de Evolución de los Sistemas Jurídicos.

Actualmente, es asesor jurídico-político del Consejero Electoral Lezama Barreda en el Instituto Electoral del D.F.; abogado litigante y consultor en derecho administrativo disciplinario, estrategias digitales de candidatos y vinculación ciudadana.

Síguelo en Twitter:@MJPereaA