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Diamante’ más que penal de alta seguridad, parece un condominio

​Lejos de lo que podría pensarse de que esta cárcel, por ser de alta seguridad, es lo más parecido al infierno de Dante Alighieri, la realidad es otra. “Diamante”, como se le conoce a este penal, ubicado en el interior del Centro de Readaptación Social Varonil (Ceresova) de Santa Martha Acatitla, más bien semeja uno de los tantos condominios que ha construido el Instituto de Vivienda de la Ciudad de México.

​Y aun cuando el director de este penal, Enrique Serrano Flores, asegura que “son pocos los problemas que hemos tenido”, el lugar es muy diferente al resto de las cárceles capitalinas, “con lo que hemos demostrado que con los 408 internos que existen actualmente en ese lugar --destinado para albergar a 856--, está muy lejos de generar conflictos, sobre todo porque aquí no hay sobrepoblación”, comenta el funcionario a El Zócalo DF durante un recorrido.

​Acompañado de la diputada local del PRD, Rebeca Peralta León, vicepresidenta de la Comisión Especial de Reclusorios de la Asamblea Legislativa capitalina (ALDF), el funcionario informó que el Ceresova se creó en 2003, con el propósito de albergar y administrar el tratamiento encaminado a la reinserción de adultos jóvenes con sentencias cortas, a quienes se les pueda brindar un tratamiento puntual.

​Siete años después, en agosto del 2010, dentro de este Ceresova se habilitó el módulo “Diamante”, con cinco mil 733 metros cuadrados de “alta seguridad, para resguardar celosamente a los 850 internos que representan la pulpa del crimen.

De allí que el resto del penal tuvieron que buscarle un nombre. Y no lo pensaron mucho, pues a alguien se le ocurrió “Oro”, como ahora se le conoce, donde están confinados mil 762 internos, cuyas edades fluctúan de 18 a 30 años, sin importar los delitos aunque hayan resultado problemáticos para el sistema y con condenas superiores a 10 años.

A diferencia del “Oro”, al cárcel de alta seguridad conocida como “Diamante”, está habitada por internos cuya violencia pone en riesgo la vida de otros delincuentes, con sentencias tan largas como cadenas perpetuas o aquellos cuyos secretos sobre el mundo criminal los hacen vulnerables a un ataque.

De allí que en este lugar están confinados personajes, como el líder de la Iglesia de la Santa Muerte, David Romo Guillén, con una sentencia de 66 años por secuestro y extorsión; el dueño del bar Heaven, Mario Alberto Rodríguez Ledezma, quien es señalado como participante en el secuestro y desaparición de 12 jóvenes del barrio de Tepito, quien comparte celda con Daniel Pacheco, procesado por el multicrimen del Caso Narvarte.

Estos peligrosos sujetos tienen como vecinos a Javier Joel Rodríguez, “El Javi”, señalado como el autor intelectual del secuestro y asesinato de los 12 jóvenes de Tepito; y Omar Martínez, otro de los acusados por el Caso Narvarte, cuya sentencia está muy lejos de decretarse.

Estos internos, por el alto grado de peligrosidad están en un área con más seguridad que el resto del penal, pues son vigilados las 24 horas del día, no sólo a través de videocámaras, sino por personal de custodia capacitados y sólo tienen acceso el director y el jefe de vigilancia del “Diamante”. Nadie ajeno a ellos puede entrar, trátese de quién se trate.

Otro de los “distinguidos huéspedes” es José Luis González, quien fuera dueño de Publi XIII, quien tiene una sentencia de más de dos mil años.

Pero en este lugar no son raras las largas penas que deberán purgar sus habitantes, quienes muy a su pesar aceptan las rigurosas reglas impuestas por las autoridades, pues saben que sólo así pueden vivir en esta “mole gris”, con muros de más de cinco mil metros de altura, que los divide de sus otros vecinos, los del “Oro”.

Conflictos.- Serrano Flores reconoce que si bien los últimos cuatro años, “en este penal no hemos tenido problemas”, tuvieron que vivirse crudas experiencias para enmendar errores.

Recordó que en agosto del 2012 las medidas de seguridad del “Diamante” fueron vulneradas, cuando detectaron a los reos: Feliciano Sánchez Martínez, “El Chano” o “El Tío”, supuesto hermano del ex alcalde de Cancún, Greg Sánchez, detenido en el 2008; y Marlon Gaona Espinosa, capturado en abril de 2007 por el plagio y homicidio de una estudiante de la UNAM, quienes en complicidad con sus esposas y otras personas, cometieron por lo menos dos secuestros y decenas de extorsiones telefónicas, cuyas llamadas salieron del interior de este penal.

​Asimismo, el 14 de diciembre del 2012 fue asesinado el interno Víctor Jesús Reséndiz Mendoza, cuyos restos fueron encontrados alrededor de las 13:00 horas en los pasillos del primer nivel del dormitorio D, previo a la misa anual que ofrecería el Cardenal Norberto Rivera.

​La víctima estaba sentenciada a más de 85 años de prisión por diversos delitos, entre ellos homicidio, y fue presuntamente asesinado por José Jerónimo Trabulsi Taboada, condenado por homicidio agravado a 170 años, quien le propinó múltiples heridas de arma punzocortante en el tórax.

“Esos fueron los últimos hechos violentos que tuvimos en esta prisión. A partir de allí las medidas de seguridad fueron reforzadas. Demostramos que no fracasó el modelo de alta seguridad establecido por la Subsecretaría del Sistema Penitenciario en la capital y, por el contrario, hoy podemos asegurar que un penal con menos de la mitad de su capacidad, puede ser verdaderamente un centro de readaptación”, sostuvo con orgullo Serrano Flores.

Medidas.- En cuanto a la disciplina que prevalece en el lugar, el director del “Diamante” reveló que los internos no pueden salir de su estancia, excepto cuando tienen actividad técnica programada o visita, siendo conducidos individualmente por personal de seguridad. A la vista no se le permite el ingreso de ningún tipo de alimentos y deben pasar varios controles de seguridad antes de llegar a ver a sus familiares.

Incluso, aseguró que para evitar la corrupción, tan común en el resto de los penales capitalinos, a los familiares de los internos se les permite depositar hasta 700 pesos semanales, que depositan en trabajo social, para que compren comida o productos de limpieza. Todo al interior. En el “Oro” ocurre algo similar, pero allá sólo se les permite depositar 500 pesos semanales.

Por otra parte, la accesibilidad a los servicios médicos está limitada, además de contar con estándares de seguridad, cuya finalidad es impedir acciones violentas y, con ello, garantizar la vida, integridad y salud de las personas que están confinadas en este espacio.

A su vez, el director Operativo de todos los penales capitalinos, Pablo López Domínguez, sostuvo que el éxito de este sistema de alta seguridad, es que casi todos los internos se conocen, pues de alguna u otra manera convivieron en las otras cárceles preventivas, y aquí llegaron por ser problemáticos, haber sido sentenciados y por su grado de peligrosidad.

“Aquí están encarcelados sociópatas, secuestradores, multihomicidas y hasta defraudadores”, como el dueño de Publi XIII, José Luis González; Iván Adrián Pizaña, “El Ivancito”, relacionado con seis homicidios, aunque dice que fueron 19 cristianos a los que se echó.

Y aunque para el visitante común podría asegurar que no hay diferencia entre el “Diamante” y el “Oro”, Flores Serrano, quien dirige ambos sostiene que “es mucha la diferencia”, pues en el primero están los reos más peligrosos, por el tipo de delito, mayores sentencias y personalidad peligrosa, sin importar su edad, en el otro sólo están los internos problemáticos para el sistema, “renuentes a seguir las reglas y, obvio, a rehabilitarse, sin importar su delito y, el requisito más importante, ser de 18 a 30 años de edad”.

Una cárcel de otra es dividida por tres filtros de seguridad, aunque están unidas por un laberinto de pasillos reducidos con paredes de casi cinco metros de altura. Aunque “Diamante” es la más impresionante, no sólo por albergar a los “huéspedes más peligrosos”, sino por su infraestructura, pues está asentado en cuatro “alas”, cada una de tres niveles, con capacidad para 850 internos, pero por seguridad no se ocupa más de 50 por ciento del espacio, “de lo contrario sería una bomba de tiempo”, reconoce López Domínguez.

Recuerda que la denominación de “Diamante”, viene porque se construyó sobre cancha de beisbol, de aproximadamente 16 hectáreas, y está en el corazón de este Ceresova, cuyo origen surgió por la necesidad de tener a internos que generaban conflictos en los centros preventivos.

“Debíamos tener un área de contención, donde se les dieran las actividades propias que modificaran su conducta, por lo que se establece este módulo de alta seguridad”, expone Enrique Serrano, quien ríe cuando El Zócalo DF le dice que “podría ser el Almoloya de la Ciudad de México, aunque sin las facilidades para que se evadan los internos como ‘El Chapo’ Guzmán”.

Sin embargo, el funcionario asegura que las estancias, a pesar de ser de concreto puro, “son agradables y la limpieza es extrema; hay mesas en las que los internos juegan o reciben atención sicológica personalizada o para recibir una visita, la cual es programada durante la semana. Bueno, hay algunos que están tan gusto que ya no quieren salir. De verdad”, sostiene mientras muestra las frías y oscuras celdas, que más bien parecen binkers personales.

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No mamen con su muro de cinco

No mamen con su muro de cinco mil metros de altura, jajaja