Inicio

El agua, el destino nos alcanzó

A finales del mes de enero del 2016, se hizo un corte del abasto de agua del Sistema Cutzamala a la Ciudad de México para realizarle reparaciones, el más largo de la historia según difundió profusamente las autoridades capitalinas. En las próximas horas y días, se repite la historia y volveremos a padecer un corte en el abasto, aunque más largo, de acuerdo a las estimaciones gubernamentales.

El nuevo corte del abasto de agua a la capital del país es un recordatorio de que el abasto regular no está garantizado para la Ciudad y la zona metropolitana y peor aún, para más de un millón de habitantes que reciben el agua por el sistema de tandeo y de más de 200 mil que no tienen red o tomas de agua en sus domicilios.

Esta nueva crisis de un elemento fundamental para la vida de la mayor concentración poblacional del país, se da en el reinicio – tal vez circunstancial- de la exitosa estrategia de crispación política que había hecho una tregua a partir de los comicios presidenciales del pasado 1 de julio, por el anuncio del gobierno electo de la cancelación de la construcción en Texcoco del nuevo aeropuerto de la CDMX, del proyecto de infraestructura más importante del gobierno agonizante.

La crisis del agua en la CDMX y en general en el Valle de México tiene una larga historia causada por diversos factores, pero su escasez se debe principalmente a la complejidad de abastecer a una ciudad densamente poblada y con un consumo mayor al disponible en las fuentes locales. La Ciudad consume 33 m3 de agua por segundo, provocando la sobreexplotación de los recursos internos y el uso intensivo de fuentes externas, como es el Sistema Cutzamala. El 48% de las fuentes de agua de la CDMX son externas.

La Ciudad de México es la urbe con la mayor demanda de agua del mundo, 300 litros por cada uno de los 9 millones de habitantes, además de los millones de la población flotante que trabajan ahí todos los días. Saciar esa sed supone un trabajo demandante, entre otros factores por la pérdida por fugas en la red del 40% del agua que recorre el sistema hidráulico.

Otros datos relevantes de la administradora nacional del agua (Conagua) demuestran la gravedad del abasto: alrededor del 70% de la ciudad tiene menos de 12 horas de agua disponible por día; en las zonas de mayor escasez, 18% de la población debe esperar varios días para contar con un abastecimiento de una hora o dos. En periodos de sequía, la situación empeora.

Desde una visión de la sustentabilidad y de equidad social, la administración o manejo del agua en la CDMX es también uno de los más absurdos fracasos de su historia, porque desecha un recurso natural que cae libre y gratuito del cielo, para reemplazarlo por el mismo recurso pero traído desde más de 100 kilómetros de distancia, por lo tanto más caro, en forma ineficiente, con un impresionante derroche de energía y en última instancia insuficiente.

La solución para garantizar el abasto del agua de la CDMX, y de otros muchos servicios, parece importarles poco a sus gobiernos, de cualquier tendencia política o ideológica, a pesar de que en ello está en juego su sustentabilidad y el desarrollo del principal centro financiero y económico del país.

Los costos crecientes – sociales, económicos, sanitarios y ambientales – son una fuente de tensión y conflicto. Los líderes políticos y las grandes corporaciones impulsan proyectos de ingeniería hidráulica aún más voluminosos, generalmente rechazados por los conservacionistas, intereses regionales y por grupos autóctonos que ven el despojo y desaparición de sus recursos originales.

La expansión del Sistema Cutzamala, que actualmente provee alrededor del 30% del agua de la Ciudad de México, pretende que este porcentaje se incremente para poder reabastecer los acuíferos del centro de la ciudad, que han disminuido a niveles alarmantes. Para este propósito será necesario entubar ríos más lejanos, lo que probablemente ocasionará tensiones con otros grupos indígenas, como sucede con la comunidad mazahua del estado de México, que en nombre de la “civilización” y del “desarrollo” se les fuerza a compartir sus ríos, arroyos y manantiales con una de las ciudades más grandes y sedientas del mundo.

En medio de la enésima crisis de abasto del agua de la CDMX como en la que nos encontramos en estos días, han surgido un gran número de voces y propuestas alternativas para enfrentar el problema pero que, ante todo, debe ser considerado como un tema de seguridad nacional y un derecho humano. Plantear paliativos y medidas emergentes y cortoplacistas, o peor aún, de carácter político-electorero, significará condenar a la CDMX y a muchos de sus pobladores no solo a vivir crisis recurrentes cada vez más severas de desabasto de agua, sino también a poner en grave riesgo su supervivencia y sustentabilidad.

rmleviatan@gmail.com

Manuel Avalos
Periodista con estudios en Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, con más de 30 años de trayectoria y experiencia laboral en medios como Radio Mil y Televisa, en Contenidos Educativos de Publicaciones y Bibliotecas de la SEP, como analista en medios en el antiguo DDF, y oficinas de comunicación en la Secretaría de Salud, Secretaria de Gobernación, en la Dirección de Información de la II Legislatura de la ALDF.

En el ámbito de la comunicación política, una amplia experiencia en campañas electorales, estrategia de medios y de asesoría en el manejo del discurso político.