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¿Alianzas políticas perversas?

Las alianzas electorales tienen en sí mismas muchos beneficios para quienes las realizan. El fundamental: la obtención o permanencia en el poder. De allí que, independientemente de las diferencias ideológicas, es el pragmatismo la premisa dominante en los dirigentes políticos con miras a la sucesión en el mismo. No importan las divergencias si se comparte la misma ambición. Eso es lo trágico de nuestros políticos. Que sus perspectivas no son bordadas alrededor de proyectos de políticas públicas que redunden en beneficio de la mayoría de los mexicanos. No. A través de discursos huecos que ni ellos mismos creen, planean las mejores estrategias de supervivencia política. Qué importa que sea con los acérrimos enemigos de ayer o con aquéllos que antaño se constituyeron en verdugos de sus propios militantes y simpatizantes partidistas. Qué importa si la alianza es con las franquicias políticas de siempre o con aquéllos opuestos ideológicamente.

Se generarán justificaciones de todo tipo. Se olvidarán los precedentes que constituyeron rotundos fracasos. Se generará una corriente de opinión de descalificación en contra de quienes se opongan a las mismas con la acusación de conservadores y se les acusará de querer favorecer al régimen.

Estoy convencido de la utilidad de las alianzas en la política. Pero sí y sólo si, cuando éstas son alianzas electorales y parlamentarias, en donde las perspectivas no se limitan a un proceso electoral sino que el proyecto gira alrededor de compromisos de mediano o de largo plazo y de proyectos que van más allá de la simple sobrevivencia individual o de grupo. Cuando los aliados se convierten en estadistas y no en simples mercaderes políticos. Pero eso no es posible. Cuándo se ha visto que el agua y el aceite se combinen. A menos que sea una perversidad.

zagrav@politicas.unam.mx
@NVS_

Néstor Vargas Solano
Es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública (UNAM). Tiene una Maestría en Gobierno y Asuntos Públicos (FLACSO) y la Especialización en Derecho Electoral (UNAM). Ha tomado diversos diplomados y seminarios.

Se ha desempeñado como investigador del Instituto Nacional de Administración Pública y como profesor de asignatura en la Universidad Iberoamericana ambos en el periodo 1996-1998; en 1999 ingresó al Instituto Electoral del Distrito Federal como Coordinador Distrital.
El 22 de diciembre de 2005 fue designado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal como Consejero Electoral del Instituto Electoral del Distrito Federal.

Desde 2006 es catedrático honorario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en las asignaturas: Sistema Electoral Mexicano, Introducción al Estudio del Derecho y Movimientos Sociales, Actores y Participación Política.

Es coautor de: La participación ciudadana en la reforma política del D. F, Centro de Estudios para la Reforma del Estado, No. 5 y 6, julio-diciembre, México 1998; Los números de propaganda electoral por televisión abierta, Revista Mexicana de Comunicación, No. 50, agosto-septiembre, México 1997.

Entre sus reconocimientos se encuentran:

  • Primer lugar del Servicio Profesional Electoral en la Evaluación Anual Integral 2002 y 2004 del Instituto Electoral del Distrito Federal.
  • Segundo lugar en el “Premio INAP” (1997), con la investigación: La participación de los ciudadanos en las políticas públicas. Apuntes para una democracia participativa en México.

A partir de la fecha en que tomó posesión como Consejero Electoral ha participado en diversas Comisiones y Comités del Consejo General. Actualmente es Presidente de la Comisión de Fiscalización.

Síguelo en Twitter: @nvs_