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Intolerancia gubernamental

Una de las principales virtudes de un hombre es la tolerancia. Ello cobra relevancia en el mundo de la política y, más aún, en un gobernante. En su sentido pasivo la tolerancia consiste en resignarnos a convivir con personas con las que no compartimos ideas, creencias, formas de vida, inclinaciones o preferencias. Incluso, las repudiamos. Ello implica no solamente resignación y conformidad hacia el otro, sino también del otro hacia mis propias ideas y formas de conducta.

La tolerancia activa va más allá al convertirse en un mecanismo dialéctico de acercamiento con el otro. Con el diferente a mí. El objetivo es precisamente propiciar el dialogo en favor de tales argumentos de ideas, preferencias y formas de ser. Este proceso no solamente implica oír, sino escuchar y, eventualmente, estar dispuesto a cambiar mis propias convicciones.

Parece ser que en nuestros días la tolerancia en nuestros gobernantes es una divisa escasa. Ante la ausencia de medios de comunicación capaces de informar sobre hechos que no son cómodos para los gobernantes, las redes sociales son el conducto para conocer de prácticas que muestran la intolerancia en la política y de nuestros gobernantes. Las manifestaciones de ello son diversas. Van desde la represión violenta hasta el retiro de apoyos sociales como lo es una tarjeta de subvención estudiantil.

Mucho harían nuestros gobernantes si practicaran la tolerancia en su sentido pasivo. Es decir, el respeto a la disidencia y la crítica de los gobernados. Pedir una tolerancia es el sentido activo, en el que se construya un diálogo respetuoso e incluyente, no con verdades absolutas, sino con posiciones dispuestas al cambio de existir los argumentos convincentes. No con posturas arrogantes y amenazas verbales de agotamiento anticipado del diálogo. Sería lo ideal, pero tal vez es pedir demasiado.

zagrav@politicas.unam.mx
@NVS_

Néstor Vargas Solano
Es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública (UNAM). Tiene una Maestría en Gobierno y Asuntos Públicos (FLACSO) y la Especialización en Derecho Electoral (UNAM). Ha tomado diversos diplomados y seminarios.

Se ha desempeñado como investigador del Instituto Nacional de Administración Pública y como profesor de asignatura en la Universidad Iberoamericana ambos en el periodo 1996-1998; en 1999 ingresó al Instituto Electoral del Distrito Federal como Coordinador Distrital.
El 22 de diciembre de 2005 fue designado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal como Consejero Electoral del Instituto Electoral del Distrito Federal.

Desde 2006 es catedrático honorario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en las asignaturas: Sistema Electoral Mexicano, Introducción al Estudio del Derecho y Movimientos Sociales, Actores y Participación Política.

Es coautor de: La participación ciudadana en la reforma política del D. F, Centro de Estudios para la Reforma del Estado, No. 5 y 6, julio-diciembre, México 1998; Los números de propaganda electoral por televisión abierta, Revista Mexicana de Comunicación, No. 50, agosto-septiembre, México 1997.

Entre sus reconocimientos se encuentran:

  • Primer lugar del Servicio Profesional Electoral en la Evaluación Anual Integral 2002 y 2004 del Instituto Electoral del Distrito Federal.
  • Segundo lugar en el “Premio INAP” (1997), con la investigación: La participación de los ciudadanos en las políticas públicas. Apuntes para una democracia participativa en México.

A partir de la fecha en que tomó posesión como Consejero Electoral ha participado en diversas Comisiones y Comités del Consejo General. Actualmente es Presidente de la Comisión de Fiscalización.

Síguelo en Twitter: @nvs_