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Intercampañas, vedas y la obligación al silencio

Estoy convencido de que el tema no es el silencio sino el dinero.

Me refiero al desmedido dispendio de recursos públicos que con motivos electorales se tiran una y otra vez en tiempos de elecciones.

La prevalencia del recurso público sobre el privado, quizá sea uno de esos principios que urge revisar si es que el Sistema Nacional de Fiscalización es todo lo que promete y debe ser. Los requisitos para ejercer el voto pasivo por la vía partidista o independiente, son francamente engorrosos y han generado una obesa estructura burocrática electoral a la que también, ya vale la pena repensar. A pesar de ello, entiendo de dónde viene y hacia dónde va el argumento de que por su propia naturaleza, fines y trascendencia, vale la pena tener candados que generen certezas en esta materia, antes que accesos irrestrictos.

Y si bien es cierto, que tras las campañas disfrazadas de precampaña que todos materialmente hicieron en tiempos formales de precampaña, la ciudadanía se encuentra hastiada de tanto mensaje vacío, escarceos, críticas frívolas y encuestas a modo; el tema real no es el silencio y la limitación de lo que se puede decir en medios u otros foros.

Tampoco, creo que se trate de definir de modo paternalista el contenido de lo que se puede difundir, lo que es un mensaje genérico y lo que no, lo que llama al voto y lo que no.

La razón es simple, en esta época, todo mensaje, toda entrevista concertada o auténticamente banquetera, toda foto en lo privado o en lo público, cada post y cada tweet, cada abrazo y cada saludo, cada comida y cada desayuno, cada cena y cada acto, llaman al voto, toda sonrisa y todo gesto. La idea de lo políticamente correcto, se desdibuja y se convierte en algo que es para terminadas las campañas y una vez que se hayan asignado los cargos votados. Para cuando la convivencia implique gobernar u oponerse. Por el momento, todo es campaña a pesar de la etiqueta que se le ponga en la ley o por parte de la autoridad.

Las ideas no se pueden acallar, las ideas gritan aún en silencio. Una vez que se han desatado, se mueven y se escurren en todas direcciones y al mismo tiempo, construyen pero también, corroen, crecen, se usan a favor o en contra, inspiran o repugnan, mueven o paralizan y muchas veces, destruyen.

La política es el espacio del disenso, un área común, la arena, el cuadrilátero o el octágono, el campo de golf, la asamblea pero también, el asambleísta, el diputado, el senador y todas las instituciones en que despliegan su actuar ellos y todos los demás que son como ellos, en todos los niveles, es el actuar mismo, esa actividad de debate y contienda. La búsqueda, obtención y permanencia en el poder, constituye su única lógica.

Pretender silenciar el debate de lo común, me parece una actividad poco redituable y destinada al fracaso.

Lo que debe replantearse de nueva cuenta es el modo en el que la política se hace y dejar que al universo de ideas, se sume lo que se deba sumar. Con filtros puestos en el origen de los recursos que se destinen a hacer política (porque no queremos que crezcan y se extiendan, las ligas de entre la ilegalidad y los poderes constituidos) pero con un flujo abierto a las ideas. Debemos dejar que la gente escuche hasta el vacío y entonces, decida. O que escuche propuestas si las hay y también, decida. No podemos seguir pensando que hay carriles a los que los corredores se van a circunscribir.

Ahora entramos a la intercampaña y tras las campañas vendrá la veda destinada presuntamente, a la reflexión.

Y es que aunque desde cierto punto de vista, podría parecer positivo que se limite la descalificación del otro, la calumnia y la diatriba; ello sólo sería así si tal limitación se reflejara en un aumento inversamente proporcional en el nivel de los argumentos y la depuración de ideas, pero todos sabemos que no ocurre así. Limitar la expresión y tratar de obligar al silencio en ciertos periodos, sólo provoca que en el tiempo en el que es permitido, el bombardeo al subconsciente del votante sea mayor a través de canciones, jingles o expresiones carentes de fondo.

Mi opinión es que hablen, que digan, que se den hasta con la cubeta si es preciso pero ya no con nuestro dinero. Ya nos tocará a nosotros decidir.

Veamos si así piensan en cambiar de estrategia y en usar más racionalmente los recursos, dejemos que éstos últimos salgan de sus bolsas pero que los tiempos los siga adquiriendo y asignando la autoridad electoral con ciertos criterios de justicia distributiva. Fiscalicemos hasta el último centavo, a fondo y sin miramientos. Quizá, entonces empezaremos a escuchar ideas y no viviremos más en esta ausencia de propuestas.

Mtro. Marcos Joel Perea Arellano

Abogado por el ITAM (Summa Cum Laude; 2001). Egresado del Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

Diplomado en Parlamentos, Democracia e Integración, por la Organización de Estados Americanos (OEA), el ITAM, State University of New York y el Parlamento Centroamericano.

Mtro. en Ciencia Política por The University of Birmingham, Inglaterra (Becario de excelencia del Gobierno Británico bajo el esquema British Council Chevening Scholarships del 2002 al 2003 énfasis en políticas públicas sociales, diseño institucional, análisis político, teoría democrática, teorías de justicia e historia de las ideas).

Colaboró en la Secretaría de la Función Pública federal como Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2007-2008); Director de Responsabilidades Zona Norte en la Secretaría de Educación Pública (2008-2009); Titular del Área de Quejas en la Secretaría de Educación Pública (2009-2010) y Titular de las Áreas de Responsabilidades y Quejas en el Instituto Mexicano del Petróleo (2010-2012).

Actividades Académicas. Ha impartido cátedra de Teoría Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el ITAM de derecho empresarial a nivel licenciatura. A nivel Posgrado, ha impartido el módulo de Procedimiento de Responsabilidades Administrativas en el Diplomado respectivo, tema respecto del cual, realiza investigación independiente y ha sido ponente en diversos foros federales y locales a invitación de instituciones públicas y privadas. Desde enero de 2015 es catedrático en la Universidad Anáhuac (Campus México Sur) de la asignatura de Evolución de los Sistemas Jurídicos.

Actualmente, es asesor jurídico-político del Consejero Electoral Lezama Barreda en el Instituto Electoral del D.F.; abogado litigante y consultor en derecho administrativo disciplinario, estrategias digitales de candidatos y vinculación ciudadana.

Síguelo en Twitter:@MJPereaA