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La criminalidad de los gobernantes

La corrupción es uno de los principales problemas que aquejan a los mexicanos. Y no es particularmente porque sea un fenómeno novedoso ni exclusivo de México, sino porque, como nunca, son cada vez más frecuentes las noticias que reseñan la forma en que los gobernantes se apropian de los recursos públicos así como los cínicos mecanismos novedosos diseñados para hacerlo.

La corrupción de los gobernantes trastoca el principio democrático de que toda actividad pública, de la que son representantes, tiene como objetivo fundamental la persecución del interés conjunto de los gobernados.

Para que dicho problema se convierta en un fenómeno de la agenda pública han incidido múltiples factores: a) una sociedad cada vez más politizada, b) mayor competencia política por el poder y c) medios de comunicación más comprometidos con sus audiencias y c) nuevas tecnologías que posibilitan formas novedosas de comunicación.

Pero para que existan corruptos son necesarios la existencia de dos factores: a) corruptores que buscan beneficios particulares a partir del ofrecimiento de favores para el gobernante y b) un entorno que permite que el fenómeno no sea sancionado y, por el contrario, sea por muchos replicado. Si existiera poca corrupción, el riesgo de costos mediáticos y de ser apresado se incrementaría. A mayores involucrados, menos posibilidades de ser pillado y, en su caso, de ser sancionado. Infortunadamente los casos de corrupción desde los más altos niveles de poder han permeado todas las instancias de gobierno. Pese a los acalorados discursos de algunos políticos para resolver el problema, los números integrantes de la clase política involucrados harán imposible la generación de instituciones formales que deriven en un ataque frontal al flagelo. En el pasado así ha sucedido y no existen indicios reales de cambio en el porvenir.

zagrav@politicas.unam.mx
@NVS_

Néstor Vargas Solano
Es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública (UNAM). Tiene una Maestría en Gobierno y Asuntos Públicos (FLACSO) y la Especialización en Derecho Electoral (UNAM). Ha tomado diversos diplomados y seminarios.

Se ha desempeñado como investigador del Instituto Nacional de Administración Pública y como profesor de asignatura en la Universidad Iberoamericana ambos en el periodo 1996-1998; en 1999 ingresó al Instituto Electoral del Distrito Federal como Coordinador Distrital.
El 22 de diciembre de 2005 fue designado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal como Consejero Electoral del Instituto Electoral del Distrito Federal.

Desde 2006 es catedrático honorario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en las asignaturas: Sistema Electoral Mexicano, Introducción al Estudio del Derecho y Movimientos Sociales, Actores y Participación Política.

Es coautor de: La participación ciudadana en la reforma política del D. F, Centro de Estudios para la Reforma del Estado, No. 5 y 6, julio-diciembre, México 1998; Los números de propaganda electoral por televisión abierta, Revista Mexicana de Comunicación, No. 50, agosto-septiembre, México 1997.

Entre sus reconocimientos se encuentran:

  • Primer lugar del Servicio Profesional Electoral en la Evaluación Anual Integral 2002 y 2004 del Instituto Electoral del Distrito Federal.
  • Segundo lugar en el “Premio INAP” (1997), con la investigación: La participación de los ciudadanos en las políticas públicas. Apuntes para una democracia participativa en México.

A partir de la fecha en que tomó posesión como Consejero Electoral ha participado en diversas Comisiones y Comités del Consejo General. Actualmente es Presidente de la Comisión de Fiscalización.

Síguelo en Twitter: @nvs_